Neuromarketing, la mezcla del futuro

Bog-Nruromarketing

En este mundo lleno de fantásticas mezclas os traemos una que cada vez está dando más de que hablar en el mundo de la comunicación, y que parece que llega pisando fuerte: el ¡neuromarketing!

Los publicitarios nos empapamos de investigaciones de mercado, de marcas, productos y observamos a los consumidores con el objetivo de apuntar en la dirección correcta. Y en ocasiones también nos valemos de nuestras propias experiencias e intuición en la toma de decisiones.

El neuromarketing, un campo que pone la neurociencia al servicio del marketing, ha llegado para arrojar un poco más de luz a nuestro conocimiento sobre el consumidor. Porque, a pesar de saber que todo ocurre dentro de nuestro cerebro, a fecha de hoy los marketinianos solo han podido observar al consumidor desde fuera.

Con la reciente llegada del neuromarketing, parece que se abre una puerta hasta ahora infranqueable para poder entender así el servidor central que da origen a nuestras emociones y acciones: el cerebro. Podría ser entonces que, en un futuro no muy lejano, apareciera un camino más tangible para la toma de decisiones que ayudara a crear campañas más eficaces, además de generar una mejor relación con el consumidor.

Según la neurociencia, el origen de nuestro aprendizaje y de nuestras emociones se da de forma inconsciente, por lo que el sujeto no es consciente de estar condicionado en su respuesta a ciertos estímulos del exterior. Sin embargo, Roger Dooley, uno de los padres del neuromarketing, afirma en su libro Brainfluence que el marketing sigue dirigiéndose en su mayoría solo a una pequeña franja del 5% del pensamiento, la cual corresponde al funcionamiento consciente y racional del cerebro.

Pero ¿Qué esperamos averiguar?

Gracias a la neurociencia y a la tecnología de diagnosis por la imagen se espera ver qué estímulos activan ciertas partes del cerebro; o por el contrario, detectar estímulos que pensábamos que eran decisivos para generar una llamada a la acción al consumidor y quizás no sean tan potentes. Seguramente gracias a la neurociencia se espera llegar a conocer más al consumidor que él mismo, lo que en un momento dado podría cuestionarse éticamente.

A pesar de que el neuromarketing apunta muy alto, sigue siendo un campo muy pionero y hará falta ver sus aplicaciones al marketing y a la comunicación.

¿Qué estímulos despiertan el área cognitiva del cerebro? ¿La del deseo? ¿El rechazo? ¿Cómo afectan estas activaciones cerebrales al comportamiento del consumidor? ¿A su percepción del producto? ¿A la de la marca? Parecen muchas las dudas a resolver, y poco lo que actualmente se sabe. Está claro que el conocimiento en sociología y psicología seguirán ayudando a comprender mejor al consumidor, y sobre todo ayudarán a plantear nuevas hipótesis de experimentación. Así que, en un futuro no muy lejano, quizás se podría llegar a incorporar la ciencia como una disciplina más del marketing.

¡Hasta la próxima!

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